Curso gratuito por correo

Dormir con la cabeza llena.

Siete días para la mente que no se apaga de noche.

Una lámpara encendida junto a una cama a oscuras, de madrugada.

Son las tres de la mañana y estás despierto. Otra vez. La cabeza va a toda velocidad — la conversación de ayer, el correo sin responder, el dinero, la salud, todo a la vez y todo enorme — y una certeza cansada: mañana estarás roto. Y cuanto más lo intentas, más se enciende.

Este curso no promete apagarte la cabeza a la fuerza — eso no se puede, y pelearse con ella la enciende más. Va de entender por qué la madrugada miente, de dejar de resolver a oscuras y aprender a anotar, de bajar el cuerpo del coche y proteger la cama. Una práctica pequeña cada día, hasta que la noche vuelva a ser, poco a poco, un sitio donde se descansa.

Los siete días.

  1. 01 El peor cerebro del día. Lo que te pasa de noche no es un defecto: es biología. A las tres de la mañana piensas con la alarma encendida y la luz apagada. No es la verdad — es la hora.
  2. 02 De noche no se resuelve, se anota. La regla más útil de la semana. Tu cabeza intenta resolver la vida a oscuras y no puede; por eso da vueltas. Papel y lápiz junto a la cama: aparcar, no resolver.
  3. 03 La cama es para dormir. Si en la cama pasa de todo menos dormir, tu cuerpo aprende a encenderse al tocar el colchón. Un reflejo que se entrenó sin querer — y que se puede volver a entrenar.
  4. 04 El cuerpo que no se ha bajado del coche. A veces no es la cabeza: es el cuerpo, que se quedó en marcha. No se duerme con el acelerador pisado. La respiración con la salida larga es el freno.
  5. 05 Los pensamientos de las tres de la mañana. Casi siempre son tres: el catastrófico, el tribunal y el bucle sin salida. Ponerles nombre te saca un paso fuera de ellos — y desde ahí dejan de mandar.
  6. 06 La mañana desmiente a la noche. Lo que a las tres parecía el fin del mundo, a las diez tiene su tamaño real. La mañana tiene razón porque tiene el cerebro entero. Dejarle una nota a tu yo de la madrugada.
  7. 07 Un plan para la próxima noche en blanco. Todo junto, en seis pasos que puedas usar sin pensar — porque a las tres no se piensa bien. Habrá más noches malas; ahora no te pillan desarmado.

Y un octavo correo, un par de días después: el cierre — todo lo esencial recogido en una hoja que puedas tener a mano la próxima madrugada, porque esto no va de una semana, va de una relación distinta con la noche.

Cómo funciona.

Por correo

Un email al día, durante siete días seguidos, más un octavo de cierre dos días después. Se lee en cinco minutos. Cada uno anuncia el del día siguiente.

Gratis y sin captación

No hay venta dentro. No te ofrezco nada al final salvo, si quieres, las cartas del domingo. El curso es el curso, entero.

Salir es un clic

En cualquier momento. Tu correo no se cede a nadie ni se usa para nada más que enviarte estos ocho emails.

Cómo es cada email.

No son píldoras motivacionales ni resúmenes. Cada día es una pieza completa, para leer con un café, con la misma estructura:

Una escena que reconocerás. El «sí, claro» que sueltas mientras el cuerpo dice lo contrario. La copa de más que no querías. El plan al que dijiste que sí por no decir que no.

El mecanismo, explicado. Por qué te sale tan automático, de dónde viene ese reflejo, por qué la culpa que llega después no es lo que crees — sin jerga.

«Hoy, una cosa». Una práctica pequeña y concreta cada día: un sí que cazar, una pregunta que hacerte, un no pequeño que decir, una culpa que sostener. Al acabar la semana no habrás leído sobre los límites — habrás empezado a ponerlos.

Qué necesitas.

Papel y bolígrafo — papel de verdad, no el móvil — y siete días. Nada más. No hay vídeos que ver, ni plataforma donde entrar, ni deberes que se acumulan: un correo al día, y lo que ese correo te deje pensando.

Empezar hoy.

Déjame tu correo y mañana tienes el primer día en tu bandeja. Recibirás un email para confirmar — un clic — y a partir de ahí, siete días.

Gratis. Sin captación. Salir es un clic, cuando quieras.

¿Prefieres otro camino? La voz de dentro — siete días para dejar de ser tu peor juez — o Las palabras del edificio — siete días sobre las relaciones que hacen daño.